Argentina enfrenta en 2025 un escenario complejo en materia fiscal, marcado por la necesidad de reducir el déficit sin frenar la recuperación económica. Según datos del Ministerio de Economía, el déficit primario acumulado en los primeros ocho meses del año alcanzó el 1,8% del PBI, mientras que el objetivo anual pactado con el Fondo Monetario Internacional (FMI) es del 1,5%. Este contexto obliga al gobierno a acelerar medidas de contención del gasto público, principalmente en subsidios y transferencias a las provincias, a fin de cumplir con las metas acordadas.
Uno de los principales focos de discusión se centra en la reducción de subsidios energéticos. En 2024, estos representaron cerca del 2,4% del PBI, según la Asociación Argentina de Presupuesto y Administración Financiera Pública (ASAP). Para este año, el gobierno busca disminuirlos en un 30%, impulsando una segmentación más estricta de tarifas y un esquema de precios que refleje gradualmente el costo real de la energía. Sin embargo, estas medidas generan tensiones sociales, especialmente en los sectores más vulnerables.
La recaudación tributaria muestra señales mixtas. En agosto, los ingresos fiscales crecieron un 150% interanual, pero este aumento se encuentra por debajo de la inflación acumulada, que ronda el 180%, según datos del INDEC. Esto implica una caída en términos reales, dificultando la capacidad del Estado para sostener políticas de gasto. El impuesto a las exportaciones agroindustriales sigue siendo uno de los pilares de la recaudación, aunque con una menor participación debido a la caída en los precios internacionales de la soja y el maíz.
El contexto internacional agrega incertidumbre. La desaceleración de la economía brasileña, principal socio comercial de Argentina, afecta la industria automotriz y otros rubros exportadores. A esto se suma la volatilidad de los precios de los commodities, que impacta directamente en los ingresos por exportaciones. El Banco Central ha debido intervenir en varias oportunidades para evitar una depreciación abrupta del peso, utilizando reservas que actualmente se ubican en torno a los 25.300 millones de dólares.
En paralelo, la deuda pública continúa siendo un tema de preocupación. El stock total alcanza aproximadamente el 82% del PBI, con un perfil de vencimientos concentrado en los próximos dos años. El gobierno negocia con el FMI y otros acreedores para extender plazos y reducir tasas, buscando evitar un escenario de estrés financiero. Sin embargo, los analistas advierten que sin un ajuste sostenido en las cuentas fiscales, cualquier acuerdo podría ser solo una solución temporal.
Los gobernadores de las provincias también juegan un papel clave en esta etapa. Con elecciones legislativas en el horizonte, la distribución de fondos y obras públicas se convierte en un elemento central de negociación política. Algunos mandatarios provinciales reclaman una mayor participación en la coparticipación federal, mientras que otros plantean la necesidad de un esquema de financiamiento especial para obras de infraestructura que impulsen el desarrollo local.
El desafío para el gobierno será encontrar un equilibrio entre la disciplina fiscal y la necesidad de sostener la actividad económica. Los próximos meses serán decisivos, ya que se definirán medidas clave para contener la inflación, estabilizar el tipo de cambio y garantizar el financiamiento externo. En este contexto, la capacidad de diálogo entre la Nación, las provincias y el sector privado será determinante para evitar una crisis política y social que complique aún más el panorama económico del país.





