El aumento de los casos de diabetes en la región tiene múltiples causas combinadas: estilos de vida, urbanización, limitaciones del sistema sanitario y desigualdades sociales.
El crecimiento continuo de la diabetes en América Latina está generando una alarma creciente entre autoridades de salud y la comunidad médica. Las causas que hoy explican ese fenómeno son múltiples y se retroalimentan unas con otras. En primer lugar, están los cambios en el estilo de vida: aumento del sedentarismo, mayor consumo de alimentos procesados ricos en azúcares y grasas, y disminución de la actividad física regular.
A esos factores se suma la urbanización acelerada: muchas ciudades crecen sin planificación de espacios de recreación, sin infraestructura para caminar o andar en bicicleta, lo que obliga a muchas personas a depender de transporte motorizado y a pasar largas horas sentadas. Pero además de esos elementos individuales, hay causas sistémicas: la falta de diagnóstico precoz, la carencia de programas de prevención adecuados, y la desigualdad en el acceso a la atención médica fortalecen la expansión de la enfermedad.
En varios países de la región, un porcentaje significativo de personas con diabetes no lo sabe, o lo sabe pero no está bajo tratamiento adecuado. Eso genera complicaciones más frecuentes, costos elevados para los sistemas de salud y menor calidad de vida. Frente a ese panorama, la estrategia para frenar la tendencia pasa por varios frentes: desarrollar campañas de prevención efectivas, mejorar los entornos (por ejemplo escuelas y lugares de trabajo) para que promuevan alimentación saludable y actividad física, garantizar cobertura médica para detección y tratamiento, y reducir las brechas de inequidad social.
La combinación de acciones va desde lo macro —como políticas públicas de salud y regulación de alimentos— hasta lo micro —como educación individual, seguimiento clínico y cambio de hábitos personales—. Si bien no existe una “solución mágica”, la rápida implementación de intervenciones integradas podría moderar el ritmo de crecimiento de la diabetes y evitar que se convierta en una carga aún mayor para la región.






