Un inesperado anuncio por parte de las autoridades chilenas sorprendió a cientos de viajeros cuando se decidió el cierre preventivo del Paso Cristo Redentor, a pesar de que desde Argentina se esperaba su apertura. La medida se produjo en la mañana del viernes 15 de agosto, justo al ingresar un fin de semana largo, y dejó a numerosos automovilistas y transportistas varados en la cordillera mientras esperaban cruzar hacia Chile.

El complejo fronterizo había sido proyectado para funcionar en horario de invierno, de 9 a 21 horas, pero la comunicación oficial del lado chileno estableció que permanecería cerrado durante toda la jornada debido al ingreso de un sistema frontal que anticipaba nevadas. Muchos conductores ya habían iniciado su viaje y se encontraron con largas filas sobre la Ruta Nacional 7, generando frustración y malestar ante el cambio repentino sin previo aviso.

El cierre afecta tanto a particulares como a flotas de transporte de carga que utilizan el paso para comercio y logística binacional. Así, la interrupción impacta en el flujo habitual de turismo hacia Chile y en el intercambio económico de frontera. Las autoridades locales de ambos países detallaron que la decisión obedeció a condiciones de transitabilidad inseguras en alta montaña, y que se priorizaría la seguridad frente al volumen de vehículos esperado.

Para los viajeros, el corte representa no solo una alteración de planes personales, sino también mayores costos: alternativas más largas, tiempos de espera adicionales y cancelaciones de alojamientos. En este contexto, el cierre del Paso resalta la vulnerabilidad de los corredores binacionales frente a fenómenos meteorológicos y evidencia la necesidad de comunicación anticipada y protocolos más claros para momentos de alta demanda.