Una argentina que vive en Islandia, considerado uno de los países más seguros del planeta, relató cómo es adaptarse a una sociedad donde la inseguridad prácticamente no forma parte de la vida cotidiana. Caminar de noche sin temor, dejar objetos personales sin vigilancia o permitir que los chicos se muevan con autonomía son situaciones habituales que reflejan un clima social marcado por la tranquilidad.
Según su testimonio, la baja criminalidad no es solo una estadística, sino una experiencia concreta que se percibe todos los días. Los hechos violentos son excepcionales y, cuando ocurren, generan un fuerte impacto social precisamente por lo poco frecuentes que resultan.
Para quienes llegan desde países con altos niveles de inseguridad, el cambio cultural es profundo. La argentina destaca que vivir sin miedo modifica los hábitos, la forma de vincularse con los demás y la relación con el espacio público, generando una calidad de vida difícil de imaginar en otros contextos.






