Tras el anuncio de la prohibición en España hasta los 16 años, especialistas destacan los beneficios de postergar el inicio de la vida digital en adolescentes.
La decisión de España de elevar a 16 años la edad mínima para acceder a redes sociales ha sido recibida con optimismo por diversos sectores de la psicología y la psiquiatría infantil. Los especialistas sostienen que el cerebro adolescente, aún en desarrollo, es particularmente vulnerable a los algoritmos de recompensa inmediata y a la presión social online.
La normativa busca frenar el aumento de cuadros de ansiedad, depresión y trastornos de la imagen corporal vinculados al uso excesivo de pantallas. Al retrasar el ingreso a estas comunidades virtuales, se pretende fomentar el desarrollo de habilidades sociales en el mundo físico y reducir el aislamiento digital.
Desde el ámbito sanitario, se considera que esta medida legislativa es una herramienta de salud pública necesaria. El debate ahora se centra en cómo las familias podrán acompañar este proceso de desconexión forzada en una sociedad altamente tecnificada.




