Después de casi 80 días sin exposiciones públicas relevantes en el marco del proceso judicial que enfrenta, Nicolás Maduro volvió a presentarse en tribunales de Nueva York, en una jornada cargada de expectativa internacional y un inusual despliegue de seguridad.
Desde la madrugada, el edificio judicial se convirtió en el centro de atención mediática. Decenas de periodistas y equipos de televisión montaron carpas en las inmediaciones para asegurar un lugar, mientras se instalaban cámaras y se reforzaban los controles de acceso. La escena reflejó la magnitud del interés global por el caso y por la reaparición del mandatario venezolano.
Maduro llegó acompañado por Cilia Flores y se presentó ante el juez Alvin Hellerstein. La audiencia tuvo un fuerte peso simbólico además del judicial, ya que marcó su regreso a la escena pública tras semanas de silencio.
Uno de los aspectos que más llamó la atención fue su apariencia física. Distintos observadores señalaron cambios notorios en su imagen, lo que abrió nuevas especulaciones sobre su estado personal. El hermetismo que rodea tanto su situación como el avance del proceso contribuye a sostener el clima de incertidumbre.




