La liberación de 24 presos políticos en Venezuela generó escenas de alivio y emoción entre familiares que aguardaban noticias desde hacía meses. Muchos de ellos se enteraron de la excarcelación durante la madrugada, cuando fueron contactados por los propios detenidos o por abogados defensores, en un contexto marcado por la incertidumbre y la falta de comunicación oficial.

En las inmediaciones de los centros penitenciarios, los reencuentros estuvieron cargados de lágrimas, abrazos y relatos de las duras condiciones de detención. Familiares denunciaron largos períodos de aislamiento, restricciones para recibir visitas y dificultades para acceder a información judicial clara durante el tiempo que sus seres queridos permanecieron encarcelados.

Sin embargo, junto a la alegría también apareció la cautela. Organizaciones de derechos humanos remarcaron que muchas de las personas liberadas quedaron sujetas a medidas restrictivas, como regímenes de presentación periódica o prohibiciones de salida del país, lo que mantiene un clima de tensión e incertidumbre para quienes recuperaron la libertad.