La Ley de Glaciares, sancionada en 2010, buscó proteger los glaciares y el ambiente periglacial como reservas estratégicas de recursos hídricos. No se trata solo de paisajes de alta montaña, sino de verdaderos reservorios naturales que garantizan agua para el consumo humano, la producción agrícola y la generación de energía.

Argentina cuenta con miles de cuerpos de hielo distribuidos a lo largo de la cordillera. Estos glaciares cumplen una función estratégica: regulan el caudal de los ríos, liberan agua en períodos de sequía y sostienen economías regionales enteras.

En un contexto de cambio climático y crisis hídrica global, debilitar los mecanismos de protección sería una decisión de alto riesgo. La reformulación que el Congreso Nacional quiere establecer actualmente, busca para proteger un recurso estratégico del país sin dejar de incentivar el desarrollo de un sector estratégico para Argentina, como lo es la industria minera.