Durante el último mes, la valoración del gobierno de Javier Milei sufrió un marcado retroceso que encendió alarmas en el oficialismo. La baja se produce en un contexto de ajuste económico y tensiones sociales, que afectan directamente la percepción ciudadana. El descenso representa uno de los golpes más fuertes en términos de opinión pública desde el inicio de la gestión.
El deterioro se vincula con el impacto de las políticas económicas sobre el consumo y el empleo, así como con la falta de mejoras visibles en el corto plazo. A medida que se profundizan las dificultades, crece la distancia entre las expectativas generadas y la realidad cotidiana. Esto contribuye a un clima de mayor escepticismo respecto al rumbo del Gobierno.
Además, la caída de la imagen no se limita a sectores opositores, sino que también alcanza a votantes propios. Este dato refuerza la idea de un desgaste que comienza a atravesar distintas capas del electorado. En ese marco, el oficialismo enfrenta el desafío de revertir la tendencia en un escenario cada vez más exigente.




