Una de cada cuatro PyMEs ya registra atrasos en sus pagos, según una advertencia de Industriales Pymes Argentinos (IPA). El dato refleja que las dificultades dejaron de concentrarse únicamente en la caída de las ventas y comenzaron a trasladarse al circuito financiero de las empresas.
La situación se explica por el desfasaje entre los plazos de cobro y los vencimientos que deben afrontar las firmas. En agosto, el plazo promedio de cobro llegó a 49,7 días, mientras que el pago a proveedores se ubicó en 36,7 días, obligando a las empresas a sostener la diferencia con capital propio o crédito.
El escenario se agrava por el bajo nivel de actividad industrial y la menor utilización de la capacidad instalada. Desde el sector advierten que, si las empresas comienzan a retrasar sus propios pagos, el problema puede extenderse a proveedores, trabajadores y otros actores de la economía.




