En 1976, Ronald Wayne fue parte del nacimiento de Apple, una empresa que con el tiempo revolucionaría la industria tecnológica. Sin embargo, su paso por la compañía fue breve y marcaría una de las decisiones más comentadas del mundo empresarial.
A diferencia de Steve Jobs y Steve Wozniak, Wayne tenía mayor edad y experiencia, lo que también implicaba mayores responsabilidades financieras. Ante el riesgo de que la empresa contrajera deudas, decidió vender su participación por una suma muy baja.
Décadas más tarde, el crecimiento exponencial de Apple convirtió aquella decisión en un caso emblemático. El 10% que poseía Wayne habría alcanzado un valor cercano a los 340 mil millones de dólares.
El caso refleja cómo, en los inicios de una empresa, las decisiones suelen estar atravesadas por la incertidumbre. Aunque el resultado posterior fue extraordinario, en ese momento el futuro de la compañía estaba lejos de ser una garantía.




